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La adicción a las drogas, la epidemia silenciosa de EEUU

Adicción a las drogas la epidemia silenciosa

Ni las guerras de Vietnam y Afganistán, ni el Sida, ni los accidente automovilísticos, ni muchos de los temores más letales, han causado tanta muerte y destrucción en los Estados Unidos, como la adicción a las drogas. Una epidemia silenciosa y doblemente peligrosa, pues a diferencia de un virus, que puede combatirse de forma directa, este es un mal que se expande con sigilo, ya que se encuentra fuertemente arraigado como parte de la cultura cotidiana. A continuación, algunos datos que te sorprenderán acerca de este mal que se expande con espectacular nivel de impacto.

Una historia de adicciones

A pesar de que diferentes tipos de drogas, han estado presentes en los Estados Unidos, prácticamente desde su fundación, en épocas recientes, el problema ha venido agudizándose de forma alarmante. Pues no solo es cada vez más la gente que ve normal consumir algún tipo de sustancia estimulante, sino que también existen drogas cada vez más potentes, adictivas y peligrosas, capaces de producir daños letales.

Una historia de adicciones

Particularmente, la mayor amenaza a la salud pública de parte de las drogas, recae hoy en día en los opiáceos; pues no solo representan la mayor proporción de adicciones, sino también la mayor cantidad de muertes, llegando a generar casi 200 al día, al menos hasta el 2017.

El problema actual de drogadicción en los Estados Unidos, no sería seguramente de tal magnitud, de no ser por un actor crucial, y que por mucho tiempo fue insospechado: la industria farmacéutica.

La industria de la adicción

De forma sigilosa, la industria de los opiáceos como tratamiento para un gran número de padecimientos, fue algo que además de desarrollarse dentro del marco de la legalidad, fue también impulsado por millonarias compañías, como las de la familia Sackler.

La industria de la adicción

A través de agresivas campañas de marketing, así como millonarias inversiones en estrategias que convirtieron a miles de médicos en sus leales aliados, los opiáceos se esparcieron a nivel tal, que para 2012, ya se estaban confirmando 282 millones de recetas con analgésicos como OxyContin, Percocet o Vicodin; es decir, prácticamente un frasco por habitante al año.

Esto fue detonando gradualmente un problema enorme, pues cada vez más estadounidenses, no solo se volvían clientes de los opiáceos, sino también adictos.

Drogadicción, una emergencia nacional

Ahora, ya no era solo el furor por la heroína o el fentanilo, igual opiáceos -pero del mercado negro principalmente-, sino que ya también las recetas médicas legales, se estaban convirtiendo en la vía para acceder a estas sustancias, generando un furor, que finalmente terminó por derramar el vaso en 2017, cuando el gobierno estadounidense cayó en cuenta de que ya tenía que lidiar con más de 2 millones de adictos, declarando así la primer emergencia sanitaria de este tipo.

Drogadicción una emergencia nacional

Décadas atrás, ya se habían emprendido las primeras guerras contra el narco, no obstante que el problema esta vez era diferente, pues las drogas ya no solo comenzaban a fluir de parte del mercado negro, sino que su propia industria farmacéutica, estaba generando su mega mercado propio de adicciones, que aunque volvió más rica que los Rockefeller a los Sackler, estaba también dejando una enorme estela de destrucción en miles de familias a lo largo de todo el territorio.

La nueva guerra contra las drogas

A pesar que desde entonces se han venido haciendo esfuerzos por reducir este problema de salud pública, diversos funcionarios reconocen que en esta ocasión será una batalla mucho más compleja; pues gran parte de la población adicta se mantiene en silencio, lo que permite que el problema se extienda y permeé en lo más profundo de las ciudades y familias.

Y a pesar de que en algunos estados, se han logrado reducir los niveles de adicción, aún en más de tres cuartas partes de las entidades estadounidenses, continúan incrementándose los niveles de consumo de forma alarmante; incentivando así un padecimiento que podría convertirse en la peor amenaza en siglos, y de consecuencias que recién comienzan a comprenderse en toda su dimensión.

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